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domingo, 16 de marzo de 2014

Nacían estrellas y morían otras



El cable gris era lo único que me ataba a la nave. Era un fino hilo que conectaba mi cuerpo a mi fuente de vida. Las estrellas se desplegaban a mis pies, sobre mi cabeza y a mi izquierda y derecha. Era intimidante pensar que el espacio era infinito, que se expandía y se expandía y no llegaba a ninguna parte, que había vidas que morían cuando el universo todavía no había terminado de nacer. Los planetas parecían motas de polvo suspendidas en el tiempo, buscando una razón para no dejar de moverse. Todos los planetas parecían incluso más lejanos que las estrellas, menos uno: la Tierra. Ella era mi madre, desde aquí se veía tan inmensa, luminosa, protectora. Ella me consolaba y me cuidaba a pesar de que no me hallara junto a ella. Mi madre nunca me guardaba rencor. Ella me quería. La vía láctea se abría a mi alrededor latiendo al ritmo de mi corazón, inspirando y espirando nebulosas y satélites como si fuese oxígeno que necesitara para vivir. Nacían estrellas y morían otras. Era un pensamiento desolador pero ocurría como en la vida: nacían personas y morían otras, con cada muerte había alguien que se lamentaba y con cada nacimiento había alguien que se alegraba. El sol disparaba sus rayos blancos al fondo de la inmensa Tierra, probablemente en el oeste de América, donde explosiones de luces de bombillas se podían apreciar todavía desde aquí. Su luz lamía poco a poco los países. Allí estaba amaneciendo pero aquí solo era uno de tantos maravillosos espectáculos. Alargué mis dedos envueltos en un grueso traje de astronauta y traté de atrapar el sol a tantos miles de millones de kilómetros, moviéndose a la velocidad de la luz, tan grande que sería imposible abarcarla pero tan aparentemente pequeña que sería imposible acariciarla. La luz me recordó a ella, tan sumamente perfecta y hermosa como todo lo que me rodeaba en ese instante. Tal vez pudiese volver a encontrarla y decirla que no volvería a dejar que se marchara sin mi permiso. Yo no la había olvidado aún y esperaba que ella tampoco. Al fin y al cabo ella estaba en el cielo, al igual que yo. El cielo no puede ser tan grande como quiere hacerse parecer. "Búscala" me dije. Y me desaté del cable.

6 comentarios:

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  2. Por fin algo nuevo!! Bueno, tú ya sabes que todo lo que escribes me gusta mucho y me hace pensar (cosa muy difícil) jajaja. Bueno, espero que alguna vez escribas algo un poquito más largo tipo Irreversible. Tu sabes que siempre te apoyo y a continuar escribiendo!!

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    1. Muchas gracias, Juan. Ya sabes que me encantan los comentarios. Si no subo cosas tipo irreversible es porque: a) me da pereza escribir cosas largas xD y b) no creo que sea buena idea subir algo tan largo a un blog (no preguntes por qué. Manías mías) aunque tal vez en un futuro próximo lo haga.
      PD: No hace falta leer para pensar ni pensar para leer ^.^

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    2. Bueno, esa ultima frase si que me ha hecho pensar, (y mucho)

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  3. ¡¡¡¡Aquí estoy de nuevo!!!! xD María, me voy a enfadar contigo como no me avises de los relatos que subes, porque es que no me puedo perder ni uno, así que avísame o te mato ajajja xD
    En una palabra: P-R-E-C-I-O-S-O. Bueno, hay muchas más palabras para describir este relato: perfecto, increíble, maravilloso, bello, sentimental.
    Con cada libro que leo, el libro me hace sentir y pensar. Y eso es lo que me ha hecho este relato. Me ha conmovido tanto que casi me pongo a llorar de la emoción *-*
    Por favor, sigue escribiendo y no olvides avisarme de los relatos que subes ^^

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